lunes, 4 de julio de 2016

Arturo Corcuera y Tarzán, 26-6-16

Ha estado en Moguer, en la Fundación Z-JRJ y con el respaldo institucional de la Diputación a través de la organización del 525 Aniversario, el poeta peruano Arturo Corcuera. No sé si agradecer al público de Huelva y su provincia su indolencia ancestral, porque actos como éste permanecen en el recuerdo casi como una cita privada, familiar... Juan Ramón, sabio él, creía un insulto llamar a los americanos de lengua española "hispanoamericanos", porque hace mucho que lucharon por su independencia y dudar de su mayoría de edad como sociedades es racismo, lo digo claro; él prefería "americohispanos", porque hoy es más lo que nos pueden aportar ellos que lo dado por nosotros, aunque sólo sea por cantidad. Huelva, pero sobre todo Palos y Moguer, se regorjan con su logorrea descubridora en un exceso que cualquier americano debería despreciar como ridículo; Huelva debe aprender de una puñetera vez que América es una oportunidad, no un orgullo patrio, toda esa perversa reconstrucción de la "gesta" es una chorrada que sólo sirve para engordar currículos de eruditos locales intrascendentes y políticos ansiosos de eternidad que se saben caducos. Huelva, y creo que su Diputación en particular, tiene la obligación de convertir a esta tierra en un foro cultural para Americohispania por el que pasen las editoriales, los escritores, los artistas americanos, eso situaría nuestra provincia en el mapa planetario, lo otro vendrá con más trabajo serio. Si en JRJ no se invierte, lo americanista se limita a la colombofilia, y no me refiero a los palomos.
Arturo Corcuera es un hombre corito, pero grande de presencia; su pelo cano y ralo a lo Liszt excede a la mirada, que mantiene en el recuerdo a un tipo alto que no lo es, aunque gigante poeta. El tópico lo nomina como mago de la palabra y pudimos percibir esa mancia entre olores a jazmín, paredes encaladas y una madreselva que trasminaba a dama de noche. Arturo perdió un papel y empezó lento, la edad le marca un ritmo distinto, su fuelle es corto, apenas reguerillo, pero ventalle de sabiduría; ahora lo pienso y ese papel se perdió queriendo, porque todo retórico sabe que la ley es ir de lo menos a lo más y al final de su lectura nadie recordaba la fragilidad. Su verbo suave y cadencioso, rítmico y sibilante, emotivo y repleto de una ironía finísima y amarga, llenó de luz la oscuridad en sonochada del patio de la casa del Moguereño.
Sus poemas tienen esa virtud de la depuración, de con casi nada decirlo todo, pero cualquier aficionado al verso descubre en ellos una orfebrería de ideas, de eufonía y cadencia que lo hacen poeta singular y repleto de vida, porque todos sus textos son obras completas y complejas de técnica, sin embargo no traslucen la maquinaria.

Que gran fiesta tener a Arturo Corcuera en Huelva, en Moguer, emocionado con un JRJ que sigue siendo más apreciado allí que aquí, citando a Derek Walcott, Julio Ramón Ribeyro, Carlos German Belli, Octavio Paz... Ha sido una de esas citas históricas que alguien recordará por escrito. Su verbo despacioso y risueño, su amabilidad, su conocimiento de la realidad social, política y cultural española (Rosi Andrino, compañera de vida, es del Barco de Ávila), todo hizo de la noche del viernes un aparte en el tiempo. Hay que reeditar en España ya su Noé delirante, por ejemplo, libro soberbio que lo pretende todo y casi lo consigue, nada es perfecto. Oírle leer su "Tarzán y el Paraíso Perdido" con voz quejumbrosa entre la lágrima y la carcajada, un Tarzán derrumbado, destruido y vencido, es una lección de poesía que jamás olvidaremos quienes estuvimos allí. Arturo Corcuera, acuérdate de nosotros mirando el cielo de Lima y los chuparrosas inflamados...

Por uebos, 27-6-16

Se hace raro empezar un artículo igual sin repetirse, porque es la realidad la que se itera. Es lunes, me leerá usted en un bar, quizá café, afuera ese aire aún fresco de una mañana de verano que amenaza con aplastar de calor y una picardía en los rincones que tiene algo de lúbrico, tanta carne al aire y tan pocas ganas de morir... Ayer hubo elecciones y este texto no sabe los resultados...
No los sabe pero lleva toda la semana dando vuelta a esas conversaciones de tono chulesco grabadas en el despacho de un Ministro entre el titular y un tipo encargado de vigilar nuestras cuentas con Hacienda. Verán, por mi educación católica tengo tendencia a la culpabilidad y al menosprecio propio, ya saben que las religiones te destruyen eliminando tu capacidad para vivir libre y feliz, negando la realidad: esto da como resultado, en mi caso, que idealizo en exceso la vida de los otros, de manera que una escritora, un músico, un gran abogado o una persona de éxito cualquiera me parecen moverse con parámetros que yo no alcanzo, ésos de arriba los imagino con nivel, formación, conocimientos y vidas ejemplares... después resulta que no, que la misma mierda que encuentra uno en los arrabales flota en los intersticios de las alturas, sólo que la suerte, el azar (maneras de nombrar la ignorancia) coloca a unos en un lado y a los demás en otro. La distancia corta suele defraudar, el gran personaje cae por su peso a la normalidad más estupidizante y, salvo rara ocasión, las hay, no encuentra uno esa maestría que podría encarrilar tan bien la vida propia.
Vamos, resumiendo, que no abundan los grandes ideales sino la basura cotidiana convertida en solemnidad, un poco de gomina o un ejercicio de peluquería y ya es una o uno Autoridad. Quítame a éste, promueve a aquélla, destrúyela o súbemelo, mi primo, mi cuñada, los míos, ya sabes, los nuestros, y al final un ignorante de pacotilla tiene en sus manos nuestro futuro y una responsabilidad que no es capaz ni de calcular con ángel de la guarda incluido, y todo diseñado para tragar por uebos.

Metafísico estoy y mira que como. Cuento con que la naturaleza humana es dispar, pero admitamos que hemos permitido que la mediocridad se imponga: el desprecio a la cultura empós de la tradición, el ninguneo de la razón a favor de la fe, el desprestigio del humanismo para apuntalar la avaricia infantiloide como estado natural, estamos gobernados (y no sólo en política) por una panda de farsantes que en su soledad lo saben, gana la maldad garrula sobre los ideales. Yo prefiero vivir en la utopía, sabiendo su imposibilidad pero moviéndome hacia ella, para no dar todo por acabado, prefiero eso que ser un idiota realista que desperdicia su vida hasta morir indignamente (recuerde: nada hay después, y lo sabes). ¿Cómo estará yendo la mañana?

Radicales & Populistas, 20-6-16

1. RADICALISMO: sostener que la economía funciona por una providencia o mano invisible y que por tanto no requiere retoques, controles o intervenciones; que la pobreza es un daño colateral e inevitable para que ésta se estimule y funcione; que bajar los sueldos, abaratar al despedido y precarizar los contratos son el único catalizador capaz de generar puestos de trabajo, y por ello no hay alternativa si queremos crecer; considerar que este crecimiento económico es el medio único para crear trabajo y que el consumo es la única sangre de este cuerpo, aún sabiendo que la destrucción del medio ambiente llevará a la ruina por sobrexplotación y al fin de la vida como la conocemos; mantener la globalización del mercado imponiendo cada vez normas más estrictas a las personas migrantes; adobarse de ideas interesadas y hablar del “fin de la Historia” como si oponerse al modelo dominante fuera un pecado contra el progreso y la Humanidad; no ser racista, sexista, xenófobo, clasista sino de orden y normal; mantener la unidad de las patrias y sus símbolos por encima de las sociedades y las personas que las conforman, con el uso de la imposición y la violencia si fuera necesario; sentir vértigo y ver por todas partes iluminaciones en contra del cambio; prometer gobernar y después no tener capacidad de gestión y limitarte a obedecer consignas y seguir como rémora y autoridad el funcionamiento del Estado; anteponer el "de toda la vida" a tus verdades como puños...
2. POPULISMO: llamar pueblo a un ente uniforme de tradiciones venerables, sensatez ejemplar y sabiduría automática que no necesita tanta Cultura ni estudios superiores; decretar siendo político la existencia de una mayoría silenciosa que no se preocupa de lo que hacen los políticos, sino de trabajar a diario como toda la vida; manipular el discurso en función de lo que interesa que piense y vote una mayoría; llamar Cultura a la tradición para gobernar desde aquélla y manipular desde ésta; salir en procesiones religiosas consolidando el inmovilismo de una sociedad por medio del paternalista "es lo nuestro"; erigirse en heredero del pasado en vez de propugnar la felicidad en el presente; utilizar pronombres posesivos para hablar de la ciudadanía; otorgar ayudas, subvenciones o actividades públicas por simpatía partidista, por apoyos electorales o en campaña; denigrar a la función pública como pieza inútil interpuesta entre el pueblo y el dirigente; aparecer en eventos deportivos, folclóricos o religiosos por obligación (o fe); desfilar con una corte, como si fueras una más; usar el protocolo como mecanismo de diferenciación; lavarte las manos de lo que ocurra en tu negociado porque lo has hecho por el pueblo; carecer de proyecto y actuar en función de demandas concretas; estar con el pueblo, pero sin el pueblo...

Ya sabe quiénes son los radicales y los populistas, no es muy difícil identificarlos, si les vota el 26 tendrá después todo el derecho a quejarse pero oirá un machacante "Te lo dije".

Clara Janés, 13-6-16

En mi cada vez más largo ay recorrido de escritor modesto, recurro a preguntarme perpetuamente qué es la Literatura. No lo sé. Suena raro, pero me provocan estupor ésos que tan claro lo tienen, ésos que hacen novelas o se tienen por poetas o se definen como ensayistas, con el desparpajo de equipararse a quienes de verdad ejercieron ese raro oficio de leer y escribir. El misterio de la creación es complejo, compleja es la perpetua necesidad de aprendizaje y el apabullamiento que se sufre ante lo bien hecho y la cascada de lecturas y ejercicios técnicos que parecen deuda constante y sin término que se debe afrontar...
Asisto al discurso de Clara Janés en la toma de posesión de su plaza de número de académica electa en la Real Academia Española. Me desborda la belleza de su obra, su intento único de armonizar los límites de la ciencia y la poesía; Janés hace versos con los principios básicos de la mecánica cuántica, recrea la matemática que hay tras la música, intenta ser en sus textos una imagen especular de las cosas, de los animales y sus pasiones, cada vez más muestra una evocación de ese silencio ruidoso que hace el mundo al acontecer. Es vida.
Y releyéndola días atrás, pensando en diálogo con ese hablar callado que el poema nos trae sin la presencia de su autora, creo hallar una respuesta, un destello momentáneo que tiene algún sentido; no todo lo que se escribe es Literatura, no todo va a perdurar, no todo es clásico. Para que un texto tenga valor ha de ser escrito con distancia, el escritor que de verdad lo es posee un sacerdocio que imprime carácter, una seña indeleble e identificable porque vive en el más allá —que está acá— para mirarlo todo con perspectiva, entiende la vida y el mundo desde una utopía de la Belleza que marca lo que por su pluma pasa. Los hay que cuentan, los hay que describen sus emociones, quienes inventan historias o las recrean... pero no basta. Hay que construir la mirada, sufrir, saber, acompasarse con todo, hay que salir de uno mismo y sus circunstancias para que el discurso tenga un carácter universal, valido más allá de la literalidad, del momento, de su sociedad, capaz de ser reinterpretado por cada lector, que, como dice Emilio Lledó, es el contexto real de cada lectura.

Resulta ser el escritor un chamán que, en vez de conducirnos al otro mundo, nos dirige con sus textos a una vida como lo cotidiano no nos permite verla, a ese éxtasis presente en todo que se nos escapa como arena entre los dedos por culpa del tiempo y sus miserias. Pertenece Clara Janés a ese Parnaso de grandes capaces de levantarnos el instante, Sibila que nos avisa de esa bondad inútil del mundo que dejamos atrás... No confundir, eso es poesía de verdad. Y cuesta.

España, eres Púnica, 6-6-16

El diccionario de la RAE siempre es útil; dice que “fe púnica” es mala fe, o sea: torticera voluntad. Con este rollo de los Eres y la Púnica a uno se le queda cara de gilipollas. Primero no entiendo a estos comentaristas que deslizan la insidia según la cual los Tribunales actúan políticamente, claro está: siempre que meten mano a quienes no son de su “gusto” (y hay gustos muy caros). Segundo, dicen que hay procesados que no se han lucrado personalmente; no estoy de acuerdo, porque tener una carrera profesional en la política sin haber trabajado nunca fuera ya es una forma de lucro, tener curro garantizado para toda la vida es lucro, tener poder cuando uno no ha hecho nada de mérito es lucro, promocionar a artistas, amigos, familiares y compañeros de partido es lucro, es lucro esa puerta giratoria que te lleva a los sueldos de los líderes y si algo hemos aprendido en estos años es que el dinero paga a abogados que enredan todo de tal forma que, al final, parezca casi legal.
También resulta muy molesta esa docta ignorancia u obediencia debida que usan como ariete nuestros responsables públicos para decir que no sabían, que no eran conscientes del enriquecimiento y formas de vida a su alrededor; vamos que aquí se emborracha uno con dinero público, compra coca, visita bares de alterne, adquiere un Jaguar sin querer, te llevan al Alfonso XIII dos putas de confianza desde Barcelona, todas estas cosas ocurren a abnegados servidores públicos que por la mañana son todo seriedad, Ley y orden. ¡Un mojón!
O sí, todo eso es verdad y no sé qué es peor… Puede que esos cabeza de listas de los partidos sean tontos amortizados al servicio de quienes controlan el cotarro, los que se mueven creando empresas, simulando actividades económicas, ésos que todos los días tienen comidas de trabajo, viajes, pelotazos acullá, listas para hacer regalos en Navidad, invitados al barco en verano, hijas en universidades inglesas, hijos bien situados y nietos graciosísimos y bilingües.
Hay que separar el lucro de lo político, y ésa es la esperanza que no pueden defraudar los partidos renovadores. Hay que limitar el tiempo en que uno puede cobrar ejerciendo de político, sea cual sea el destino; hay que auditar la actividad que desarrolle y las cuentas de quien voluntariamente, no lo olvidemos, se presenta; hay que prohibir por Ley la propaganda, es decir, todo tipo de presentaciones, inauguraciones, anuncios y promoción de la actividad institucional, no hay mejor publicidad que el trabajo bien hecho; los actos de protocolo deben limitarse a las obligaciones más estrictas del Estado; hay que devolver a los funcionarios públicos su papel de notarios de la actividad pública, eliminando el concepto de la “confianza” como subterfugio para contratar al colegueo.

El 26-J es san Pelayo; ya huelo a rancio; ¿o cabe la esperanza? Piénselo.

Los barghawatas, 23-5-16

En mi juventud viajé por Barghawata, país en el Norte de África hoy desaparecido. Recuerdo intensamente un raro fenómeno de histeria colectiva vinculado a los rituales mediterráneos de fecundidad, fin de la siembra, una enorme orgía controlada por la casta yunusita; se consumía cannabis de muchas formas diferentes para la exaltación de un pequeño olivo antiquísimo sacado en volandas por una multitud de jóvenes que rechazaba agresivamente a todo foráneo. La rígida moral cotidiana se aliviaba, y puedo dar fe.
Íbamos en peregrinación hacia la aldea de Azemmour, a unos cincuenta kilómetros de la capital, en mitad de una reserva natural que la ONU regaba con millones de dolares a mayor gloria de los gobernantes. País desarrollado para su época, gustaba de atravesar campos en carros y camellos; el desafuero llevó a muchos animales a la muerte extenuados, a pesar de que se les valoraba como riqueza y estaban preservados, pero una norma no escrita toleraba a urbanitas que golpeaban o desatendían a las bestias con una mezcla de ignorancia y maldad, que suelen ir juntas.
Hicimos noche. La corrupción sistémica del reino barghawatí se manifestó; apareció el ejército para montar casetas lujosas a los más señalados, por cierto hasta con agua provisional y pozos ciegos, rigurosamente prohibidos y rebosantes al rato de inmudicia; los mandos militares permanecieron como convidados de lujo toda la noche. El espectáculo al amanecer era como la estela de basura que dejábamos por parajes que no podían ser pisados por persona privada alguna, tal era su protección. En los taludes, vasos vacíos tapaban mortalmente nidos de abejarucos. Una llamada oportuna permitía moverse casi por cualquier sitio; una invitación saldaba el favor, cualquier camino era posible dependiendo del nivel del otorgante, incluido el extremo de pernoctar donde criaban los pequeños elefantes señeros de la zona y destinatarios de las ayudas internacionales.
Era repugnante ver al más bajo de los cargos públicos inventar actos para garantizarse una asistencia subvencionada, sin contar la prohición expresa de que como tales asistieran a actos religiosos, teórico avance de la legislación autóctona. El propio Ministro alardeaba de fe y de un cumplimiento de las normas que sólo rezaba en sus informes falseados para adecuarse a ellas, visto el desastre insostenible. La guardería era comparsa del espectáculo, y consciente, guardo alguna foto comprometedora. Ver arrancada una pequeña elefanta de bronce a la entrada, símbolo de la reserva, describía bien la desolación consentida.

Medio país paralizado, la prensa volcada fomentando el paseo del olivo sacro, como visitante me pareció todo pintoresco y chusco, con un regusto salvaje... que desaparecía con tanta impostura y galas de lujo, hasta hacerse absurda como toda creencia analizada desde fuera; cosas de antropólogo entre barghawatas.

Bachillerátese, 16-5-16

En Bachillerato estudiamos a Kant y la Ilustración. Distingue éste un Uso Público de la Razón, cuya determinación es someter la opinión privada a los límites del conocimiento y al Universo de los Lectores; y hay un Uso Privado, al que deben cumplida fidelidad las personas públicas en ejercicio, pues los obliga la Ley y no hablan como individuos sino en representación de sus nombramientos, verbigracia: la Carrera Judicial.
El cese de Emilio de Llera es tan necesario como la democracia; tras comparar la independencia del Poder Judicial con la de Hitler y llamar "enferma" a una sociedad que pudiera votar a Podemos (empiezan a aparecer encuestas que sitúan la intención por encima del PP, tras la unión con IU), sencillamente no merece estar en un cargo de Consejero de Interior y Justicia por antisistema, y cómplice el gobierno que lo sostuviere. Tiene libertad de expresión como ciudadano pero como cargo público debe medir lo que dice, y no puede dar a entender que está por encima de las normas votadas en los parlamentos; si no fue cesado "ipso facto" es porque nuestra sociedad está enferma pero no por votar a Podemos (o a quien sea) sino de corrupción, porque si lo dice y no actúa él es colaborador de la miasma que denuncia, ya que es el máximo representante del ramo en Andalucía.
Y si es verdad que el juez que sustituyó a la exparlamentaria Victoria Rosell ofreció a un acusado, a cambio de condescendencia judicial, putearla por ir con Podemos... muchas cosas siguen aclarándose y da mucho miedo. Empieza a parecer que importa cualquier medio para evitar perder el cotarro: circula una retahíla de sandeces propias de la demencia... y la intolerancia. Este discurso del miedo y la exclusión de lo "anormal" es propio del fascismo; han agredido a la Directora del Jueves por hacer un chiste antinazi, el mismo José Mota ha debido pedir disculpas por una chorrada de gag... Algunos lo llaman "diseño de contenidos" o "línea editorial" pero es censura, afirma con inteligencia el humorista Manu Sánchez.

Vivimos una época crucial, porque las ideas que sustentan nuestros valores constitucionales le importan un carajo a los partidos mayoritarios que nos han manejado, hasta ahora. Es una impresión mía: se legisla para evitar responsabilidades derivadas de la incompetencia de gobernar, como ocurre con la inquisitorial petición de justificar no tener antecedentes de agresión sexual a menores para trabajar con niños, ¿no puede controlarlo el Estado con sus bases de datos?, ¿desde cuando debemos probar nuestra inocencia? Sólo les interesa el Poder y vendernos la ficción de una democracia que, de seguir así, va a ser una parodia de mal gusto. De esto deberían hablar un alto cargo de Justicia, de estos valores que se estudian en Bachillerato y que, desde su altura soberbia, ya no recuerda.