martes, 4 de octubre de 2016

Mi guerra

18-7-16

Me levanto a la mañana siguiente de la batalla con sensación de pérdida y tristeza. Pero en la guerra hay muchos matices y cada sección del ejército, de la sociedad, tiene su diferente cometido; es necesario que algunos estén en el cuerpo a cuerpo, con valentía, y entiendo la necesidad de la defensa, no cabe palabra ante el asesino... pero mi guerra es otra, en la retaguardia... dirán que con los cobardes pero no asumo tanto, no creo que dependa de mí: sólo hago la parte de un intelectual, sí, un intelectual, por qué me mira así... uno que se pregunta por las causas y quiere soluciones, y entrego esta fuerza mía con toda mi voluntad pero sin tiros.
Porque en mi guerra queremos una democracia mundial y que los Derechos Humanos se cumplan en todos los rincones de la Tierra, y para eso es necesario que todas las legislaciones se sometan a una instancia legal superior a manera de constitución planetaria, y la única herramienta que haría posible eso sería vincular la capacidad de comerciar a una separación de poderes real. En mi guerra el mercado rige la economía pero con unos mínimos garantizados para la ciudadanía porque el origen de la riqueza está en la capacidad humana de trabajar y la especulación es subsidiaria, y el medio ambiente, el espacio en el que vivimos, es una prioridad, y en mi guerra la Enseñanza y la Educación son fundamentales porque dan las claves de cómo vivir, y hay libertad para creer con la estricta prohibición del proselitismo y la invasión de la libertad del otro, y las religiones confesionales son estafas históricas y hay obligación de enseñarlas en las escuelas para que desde la infancia podamos ver cómo la fe es el principio de la ruina moral, y que bajo la piel del cordero de Dios de la esperanza en la vida futura, la moral y la caridad, se esconden la frustración, la negación de la vida, la muerte y el mal absolutos. La fe es intolerancia. En mi guerra se enseña el hedonismo, porque después de la justicia el placer es la forma de vida, y se enseña a amar, esto es: a tocarse, a ponerse en la posición del otro, a empatizar, a la desnudez, a fundir deseo con enamoramiento, y se enseña a rebelarse contra la intimidad que es la madre del control y la represión. En mi guerra la muerte no da miedo porque lo inmaterial no es, y la ciencia y la razón y la belleza sustituyen a las tradiciones, que en mi guerra no se confunden con la Cultura porque sabemos que ésa es la forma de dominio de las élites, que no son parte de ellas sino espectadores privilegiados.

El combate es universal mas mi campo de lucha es mi derredor; pienso que si estas bombas se arrojaran por doquier sería la batalla final. No sólo podemos esperar a matar al asesino; éste es el bucle del terror. En mi pelea todo responsable que no trabaje en esta dirección será criminal de guerra. La Razón no es etnocéntrica, sino el medio para evitar el fanatismo. Es duro; ahí va la vida.

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